¿Feliz Navidad?

20 Oct

¿Feliz Navidad?

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TristeNavidad
En el duelo nos vamos a encontrar varias veces al año con fechas que son especialmente significativas: el cumpleaños de nuestro hijo, el aniversario de su fallecimiento, y en un lugar especial, las Navidades: Nochebuena, Nochevieja, Reyes Magos. Es un periodo, aún sin que haya pasado nada, de emociones muy intensas y de mucha emotividad. Todo a nuestro alrededor obliga a ser felices con los nuestros: las calles iluminadas, los portales de belén, los árboles de navidad, el gentío, los regalos, “Vuelve a casa por Navidad” … Son momentos en los que, por cultura y tradición, se reúne toda la familia, se derrochan gestos de afecto, disfrutamos de estar todos juntos, los whatsapps con fotos de las reuniones y los regalos… pero todo esto a nosotros es algo que nos hunde aún más en nuestro dolor, porque es cuando más se nota la ausencia de nuestr@ hij@.
Las redes sociales nos van a inundar con imágenes navideñas de gente feliz, sonrientes todos, en reuniones de amigos y familiares, los mensajes de whatsapp felicitando la navidad y deseando felicidad… todo es perfecto. Esto va a hacer que surja inconscientemente la comparación, tanto con estas fotos como con las navidades anteriores, lo cual no es justo para nosotros: la vida nos ha cambiado respecto a las navidades anteriores, ya no es la misma, y las fotos que vemos son de gente que ni de lejos están sufriendo lo que nosotros y que posiblemente no sabe lo que estamos pasando.
En estas fechas, la familia quiere reunirse. Todos quieren que pasemos unos buenos ratos, porque creen que estando todos juntos nos van a hacer olvidar nuestra pérdida, pero eso es imposible, porque es de los momentos en los que el dolor es más acuciante. Nos sentimos descontrolados, abrumados, enojados. Todo nos molesta: los villancicos, los regalos, la felicidad de la gente (“¿cómo puede estar la gente así cuando yo he perdido a mi hija?”) Además, en estas fechas solemos vivir el temor con varias semanas de antelación. Desde mucho antes, a veces incluso meses, estamos anticipando el dolor que vamos a sentir y temiendo las emociones que se nos van a desbordar. Es posible que emociones que ya creíamos que teníamos controladas nos encontremos con que nos surgen a borbotones nuevamente de manera incontrolada, como si estuviésemos dando pasos atrás en nuestro duelo. En estas reuniones, bien de familiares o de amigos, muchas veces se crea un pacto de silencio, y más aún cuanto más traumática es nuestra pérdida. Nadie habla, y a veces podemos ver las miradas entre ellos de “¿y ahora qué decimos?”
Van a aparecer recuerdos y emociones allá donde vayamos como en un campo de minas: un paseo y vemos un regalo que le habría gustado a nuestr@ hij@, el recuerdo de cuando estaba con nosotros en algún lugar especial…
Es posible que las primeras navidades no sean las peores. Las primeras solemos estar aún en estado de shock, y ya en las segundas o terceras, es cuando nos damos plena cuenta de la ausencia de nuestr@ hij@. Además, ya no tendremos tanto apoyo social, y es posible que nuestro entorno empiece a impacientarse porque “volvamos a nuestra vida” lo antes posible: “Ya hace mucho tiempo”, “¿aún estás así?”, “Pero si ya hace X años…”.
Al igual que con el proceso de duelo, existen infinidad de maneras de afrontar las fechas difíciles, y lo que le viene bien a unos, a otros les puede causar mucho dolor. No hay una solución fija, porque va a depender mucho de cómo estemos y los que nos rodean. Aquí proponemos algunas soluciones que han sido tratadas en nuestros grupos de apoyo en Alma y Vida, pero cada persona tiene la suya propia.

HUIDA

Una opción que tenemos es no celebrar la navidad: huir de todo lo que lo rodea, marcharnos a algún lugar en el que, bien no se sienta nada de la navidad, o bien en donde nadie nos conozca. Marcharnos al campo, donde haya silencio, irnos a otra ciudad, cerrar puertas y ventanas…Sobre todo en los primeros años del duelo, esto nos protege, ya que en las etapas iniciales nuestro principal objetivo es cuidarnos y protegernos. Esta huida no va a aliviar el dolor, pero nos va a evitar situaciones muy intensas y que nos puedan hacer mucho daño.
Hemos de ser conscientes que nuestros recuerdos van con nosotros allá donde vayamos. No van a desaparecer. Simplemente evitaremos que se pueda acentuar el sufrimiento. El dolor emocional lo podemos posponer, pero no suprimir. Vuelve a salir una y otra vez, y a veces puede que, después de posponerlo, nos surja con más intensidad.
Hemos de pensar que esta huida va a provocar nuestra ausencia en nuestra familia más cercana, que tenemos seres queridos que nos quieren y nos necesitan, y que en algún momento (dentro de algunos años quizás) tendremos que plantearnos volver a los rituales navideños y a estar junto a ellos.

HACERSE EL FUERTE

Otra opción que suelen tomar muchos es hacerse el fuerte (algún día hablaremos de eso de “tienes que ser fuerte”). Esto nos va a hacer que nos pongamos una máscara, como si nada hubiese pasado, intentando protegernos tanto a nosotros como a los que nos rodean, para que nuestro dolor no les fastidie estas fechas y puedan pasarlo lo mejor que puedan. Incluso puede ser a petición de alguien a quien queremos mucho: “Hazlo por nosotros”. Esto puede funcionar durante algún tiempo, en el que nos tragamos nuestro dolor, pero al final esta máscara se rompe y nos encontramos hundidos en medio del bullicio de la festividad, solos en medio de la multitud, y hemos de retirarnos a llorar a un sitio en soledad. En estas reuniones, a veces hay un pacto de silencio en el que nadie habla de su propio dolor, y se niega el sufrimiento, intentando parecer que todo va bien, pero es mentira. Todo esto no hace más que acentuar nuestro aislamiento, aunque estemos en una fiesta llena de gente.

PLANIFICAR

Uno de los temores que solemos tener ante las navidades es el desborde de emociones, la incontrolabilidad de lo que nos pueda ocurrir, vernos arrastrados por los acontecimientos. Por ello es importante que planifiquemos con antelación las fechas. No dejar que el día nos controle, sino controlar nosotros el día. Evidentemente, con mucha antelación no podemos saber cómo nos vamos a encontrar ese día. Es posible que planifiquemos algo que pueda suponer más impacto para nosotros, como una reunión con amigos, y ese día no estemos para mucho. Por ello, debemos de tener un “plan B” para el caso de que no estemos para mucho: tomar algo en un ambiente más protegido con alguien de nuestra confianza con quien podamos hablar de lo que sea.
Esta planificación, si tenemos más miembros en nuestro núcleo familiar, ha de estar consensuado entre todos. El duelo es algo que cada uno vive de una determinada manera, y es posible que alguien dentro de nuestra familia quiera hacer algo diferente. Hemos de respetarnos en nuestras decisiones.
Debemos también planificar tiempo para nosotros, para descansar, pasear, poder llorar y dejar que aflore la tristeza. Este tiempo nuestro lo necesitamos más aún si cabe que todo lo anterior. A pesar de lo que nos digan los que nos rodean de que tenemos que hacer tal o cual cosa, ya el levantarnos de la cama supone un reto y un gran esfuerzo. Protejámonos y cuidémonos. Pensemos que las navidades son sólo unos cuantos días y que terminarán pasando.
No hemos de tener unas excesivas expectativas de cómo vamos a pasar estos días. Podemos (y debemos) aceptar ayuda de nuestros familiares y amigos que nos quieren. Podemos permitirles que se encarguen de tareas que a nosotros nos pueden resultar estresantes o dolorosas: cuidar de los niños pequeños, hacer la limpieza, la comida…
Hemos de darnos permiso para cambiar de opinión cuando lo creamos necesario, y cancelar algo que creamos que nos va a hacer especial daño, aunque hayamos dicho lo contrario. Protegernos y cuidarnos es el primer objetivo en estas fechas. Simplificar nuestras obligaciones. No estamos en una situación como para involucrarnos en muchas actividades. Si vemos que hay algo en lo que tememos que no vamos a ser capaces de hacer, simplemente rechazarlo. No pensar que, porque hayan pasado X años, la cosa va a ser más fácil. Como hemos dicho ya en nuestras reuniones, el duelo no tiene tiempo, y nuestro duelo puede ser para toda la vida
Otro punto a planificar es el de los rituales navideños. Va a haber muchos en los que nuestr@ hij@ estaba implicado y va a mover muchas emociones: colocar el árbol de navidad, poner el portal de Belén, adornar la casa… En esta planificación cada uno debe expresar cómo quiere que estos rituales se desarrollen, o si por el contrario no quiere participar.

HONRAR LOS VINCULOS CON NUESTR@ HIJ@

Podemos optar también por planificar cómo vamos a incluir en estos rituales el recuerdo de nuestr@ hij@: una foto en el árbol de navidad o en el portal de Belén, una cena en su honor, una visita al cementerio… marcando claramente un tiempo y un lugar para poder vivir el dolor. A veces, duele tanto recordar la ausencia como el no recordarlo, y de esta manera podemos aliviar tensiones y podremos tener tiempo para nuestra familia. Incluso, si tenemos hijos o nietos pequeños, podemos permitirles a ellos decidir cómo lo vamos a recordar

LAS REUNIONES

Como hemos comentado anteriormente, en las reuniones con familiares y amigos, sobre todo en los primeros años, se crea un pacto de silencio para no tocar ningún tema relacionado con nuestr@ hij@, algo que nos puede causar dolor, como si nadie se diese por enterado de lo que pasa. A veces queremos hablar de nuestra pérdida y que nos hablen, y otras veces no. Nosotros, con nuestras palabras, podemos dar permiso a los que nos rodean para hablar, y ser claros con nuestra familia para pedirles que, si no hablamos, es que no queremos hablar. No tiene nadie que forzarnos a nada.
En estas reuniones hemos de aceptar que vamos a pasar momentos muy difíciles. Puede que haya gente que no sepa nada de lo que nos ha ocurrido, y nos pregunten de manera inocente por cómo van nuestros hijos. También es posible que, dado que suele haber familiares que sólo se ven por estas fechas, hagan cosas normales que a nosotros se nos claven en nuestro corazón como puñales: “mira las fotos de mis hijos”, “Mi hijo… está estudiando…” Es importante que en estas reuniones tengamos ya prefijado un sitio al que nos podamos retirar en caso de que las emociones sean demasiado fuertes, incluso avisando de manera previa al organizador de la reunión: “no estoy muy bien, por lo que, si veo que la cosa se me desborda, me marcho sin despedirme de nadie”.

… ¿Y SI ME LO ESTOY PASANDO BIEN?

Si nos lo estamos pasando bien, no pasa nada. Tenemos derecho a ello, al igual que los que nos rodean (es más, es lo que los demás van a querer), y debemos dejar atrás el sentimiento de culpa (ya lo hemos comentado en algunas reuniones) de que recordar a nuestro hijo implica que estemos tristes todo el rato, y que si sonreímos siquiera es que estamos traicionando su memoria. Eso no es cierto. Ya lo hemos comentado en otras reuniones: el duelo no es una depresión, podemos tener momentos en los que riamos y podamos estar bien, y podemos tener ilusión con algo, sin que ello quiera decir que queremos o recordamos menos a nuestr@ hij@. Date un respiro en este mar de dolor siempre que puedas.

Paco Manso

Referencias:
• Alba Payás, “Cómo superar el duelo, es Navidad”
• Katherine Shear, “Managing Difficult Times”
• Rafael Fenoy Castaño, revisado el 18 de octubre de 2010 en https://www.psicologosmadridcapital.com/blog/duelo-navidad/
• Daniel Moltó, “Afrontar la silla vacía en Navidad”, entrevista a Julia López Orozco, de la Fundación Verde Esmeralda, revisado el 18 de octubre de 2020 en https://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/13/alicante/1323777157.html
• Sara Losantos, “Superar el duelo: ¿Feliz? Navidad”, revisado el 18 de octubre de 2020 en https://www.fundacionmlc.org/superar-el-duelo-feliz-navidad/
• Ana Sánchez, “Duelo en Navidad, enfrentando la silla vacía”, revisado el 15 de octubre de 2020 en http://www.psicologiaenfemenino.com/duelo-en-navidad-enfrentando-la-silla-vacia/

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