Manuel Lobón: Marta en mi casa

5 Jun

Manuel Lobón: Marta en mi casa

Don Manuel Lobón, 26 de diciembre de 2007

Marta en mi casa
Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

 

un empujón brutal te ha derribado.

Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,

no perdono la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta

de piedra, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte…..

Efectivamente, Miguel Hernández. Nadie como él supo expresar todo el desgarro y la desesperación que puede sentirse cuan alguien excepcional e irrepetible se va. Sé que sentimientos parecidos te ha tocado experimentar con Marta.

Desde la lejanía, aunque muy cercano en el afecto que te profeso, te contaré como he visto todos los acontecimientos acaecidos en torno a Marta.

Desde que me informaste de su enfermedad, no sospeché en ningún momento el desenlace que tendría, comprendo que esto es normal para personas como yo a las que no se tienen que dar detalles de la transcendencia real, bastante penoso es sobrellevar ese calvario. A medida que iba avanzando la enfermedad, me iba haciendo cargo de la situación, aunque te esforzaba en dar una aparente tranquilidad, se reflejaba en tu rostro un pesimismo creciente. Por otra parte cuando preguntaba a compañeros tuyos por el estado de Marta, se mostraban escépticos y anunciaban, sin decirlo, lo peor. Estando almorzando en caza, recibí la llamada de una de tus colaboradoras, adiviné enseguida, tanto por la forma de hablar y lo inusual de la comunicación, el motivo de la llamada.

Asistí al funeral. En la Iglesia estuve junto a sus compañeras, estaban destrozadas, el ambiente general no podía ser mas desolador. Luego en el cementerio, puede apreciar la entereza de tu mujer, a tu hijo desconcertado y a ti completamente hundido.

Luego vino la presentación del libro, las intervenciones que tuvieron lugar en ese acto y, sobre todo, puede constatar la impresión que causó de forma generalizada.

Posteriormente Marta vino con nosotros a casa. Así es. La podías encontrar en cualquier rincón. Cuando había dejado la lectura y volvía a la rutina, de pronto aparecía ella, con esa mirada angelical, ingenua, y sus impresionantes ojos azules, estaba en todas partes.

Te confieso que su lectura ame ha costado lo suyo, es tan real, tan dramático, rabiosamente realista, que deseaba acabar, así que avanzaba para buscar con morbosa curiosidad el final, ya sobradamente conocido. Mas tarde me sosegaba y recuperaba de nuevo el orden natural.

¡Pedazo de libro que has escrito!, que bien se escribe y que bien se entiende cuando dicta el corazón, como lo narras, ha sido muy fuerte para mi. Por como ha acontecido todo. Lo del póster, toda una premonición, los detalles tan personalizados y, por encima de todo el dolor inmenso que llega con toda su fuerza al lector.

Sobre este asunto, quiero enviarte a que consideres algunas reflexiones que haces.

Querido Manolo. Eres una persona con mucha suerte, no lo sabes muy bien y mejor que sea así. Has tenido una hija mágica, nacida del amor, criada en el amor, te has vaciado completamente de amor hacia ella, se lo has dado todo y, has sido correspondido de la misma amanera. Incluso se ha despedido con una sonrisa, yo creo que con un mensaje fácil de adivinar. Por eso no entiendo cuando hablas de una doble personalidad o insinúas que nada puede ser igual. Puedes pensar que cómo puedo decirte esto, estas sensaciones sólo las sabe el que ha pasado por este trance. Sin embargo, insisto en la “suerte” y pienso que a Marta hay que tenerla en el recuerdo permanente pero con generosidad, como a ella le gustaba, se fue prematuramente pero llena de felicidad, nadie puede dar más, demasiado bien lo sabía. Ahí quedó su despedida, su eterna sonrisa. Hay que hablar de ella pero con la sonrisa permanente, con alegría, con la gran satisfacción de que no quedó nada por hacer, no todo el mundo tiene esa suerte. Hay que desterrar completamente todo atisbo de pena, resentimiento o sensación de desgracia, ya se que puede resultar paradójico y posiblemente impertinente pero, si haces una reflexión objetiva y cristiana, despejarás esas dudas, razonables, por otra parte.

En una ocasión te comenté lo que dijo un actor francés a los asistentes al funeral de su hija desaparecida en idénticas circunstancias que las de tu hija.- NO ESTÉIS TRISTE PORQUE SE VAYA, ALEGRÁOS DE HABERLA CONOCIDO.

Quiero terminar este escrito como lo había comenzado, con la elegía de Miguel Hernández.

A las aladas almas de las rosas.

Del almendro de nata te requiero,

Que tenemos que hablar de muchas cosas

Marta del alma, Marta.

 

Manuel Lobón

 

Sevilla,Diciembre 2007

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