El amor que sólo encontramos en la pérdida

3 Oct

El amor que sólo encontramos en la pérdida

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Es casi imposible enumerar la gente que a lo largo de los años han compartido sus reflexiones acerca de la relación entre el duelo y el amor:

  • “El duelo es el precio que pagamos por amar” (Colin Murray Parkes)
  • “El duelo es amor sin ningún sitio al que ir” (Jamie Anderson)
  • “¿Qué es el duelo, sino perseverar en el amor?”
  • “El duelo sólo existe donde antes hubo amor” (Popular)
  • “Duelo y amor son las dos caras de la misma moneda” (Popular)

Dicho así, suena un poco a cliché conciso, a frase hecha, ¿no? Suena como algo que intenta suavizar los afilados bordes del duelo. Podemos imaginar la rabia de un doliente cuando algún amigo bienintencionado le venga con estas frases durante un mal momento, sonando a un tópico banal, en un esfuerzo inútil por aplacar el inmenso dolor de la pérdida.

Aunque en realidad, los dolientes mismos expresan este mismo sentimiento con frecuencia. Pero este amor-duelo no es sólamente un cambio uno a uno. No es que la misma “cantidad” de amor que sentíamos por nuestr@ hij@ se transforme en el duelo que estamos pasando una vez que se han ido.

Ellos ocupaban un espacio en nuestra vida, y nos dejan con un vacío en ese espacio, pero el duelo de alguna manera es algo inmensamente más grande que ese simple agujero. Es por ello que los dolientes hablan de la relación amor-duelo de una manera diferente a lo que se refieren las banalidades y frases hechas.

La presencia de la ausencia

La ausencia nos permite sumergirnos en unas profundidades del amor que no sabíamos que existía. Es como una profundidad a la que no podemos acceder mientras nuestros hij@s están viv@s. Es un tipo de amor incluido en el vacío que dejan en el mundo.

Cuando somos padres por primera vez, con frecuencia expresamos que traer un niño al mundo nos ha abierto una puerta a un tipo de amor que no conocíamos. Por extraño que parezca, me encuentro a mí mismo pensando que perder a un hij@ que amamos profundamente es algo similar.

El anhelo es una de las emociones más comunes en el duelo, y es una a la que la gente suele tener dificultad en etiquetar o darse cuenta. En 2007, los investigadores del duelo Paul K. Maciejewski and Holly Prigerson colocaron al anhelo en el centro del duelo, citando hallazgos en investigaciones de que el anhelo es la característica más dominante del duelo incluso más que otras reacciones que más asociamos con el duelo, como pueden ser la tristeza, la ira o la culpa.

Cuando pensamos en ello, parece tener sentido. El anhelo, tal como lo define el diccionario de Oxford, es “tener un intenso sentimiento de nostalgia y añoranza por algo, típicamente algo que hemos perdido o de lo que nos hemos separado”

“El anhelo es un estado emocional ampliamente experimentado en situaciones que implican una pérdida, y se focaliza en un deseo por una persona, lugar o cosa que ha sido valorado en el pasado” (O’Connor, 2014)

El lenguaje del amor y la pérdida

Hay palabras en otros idiomas que apuntan a este mismo sentimiento y añaden algo más a él. Añaden esa pieza que creo es crucial para comprender el anhelo en el duelo. Es la añoranza y anhelo por algo que sabes que no volverá.

En alemán, “sehnsucht”: un alto grado de intenso, recurrente y con frecuencia doloroso deseo por algo, particularmente si no hay esperanza de obtener lo que se desea, o cuando su consecución es incierta o muy lejana.

En portugués tenemos “saudade”: un estado emocional profundo de añoranza melancólica por una persona o cosa que está ausente. Con frecuencia está asociado al conocimiento de que el objeto de añoranza puede que no se vuelva a tener nunca

Cuando alguien fallece, su ausencia se convierte en su propia presencia. Llegamos a amar y odiar el vacío que deja. Representa todo lo que se ha ido, todo lo que hemos amado, todo lo que echamos de menos.  Odiamos la realidad que representa, que físicamente se han ido de este mundo, pero a la vez amamos la realidad que representa, que nuestor amor por esa persona es tan grande que hace que ellos sigan “aquí”, incluso cuando físicamente no lo estén. Nos agarramos con fuerza a su ausencia y nos aferramos tan fuerte como podemos. Seguimos reviviendo nuestras memorias vividas con nuestr@ hij@, aún sabiendo que cotienen la mayor alegría y la más profunda pena.

Con su ausencia, aprendemos algo que no podríamos aprender mientras ellos vivían. Aprendemos cuán profundamente somos capaces de añorarlos, cuanta pena nos causa el vacío que dejan en su ausencia, lo dispuestos que estamos a apoyarnos en ese dolor con tal de mantenerlos cerca. Aunque hibiésemos podido imaginar lo que es perder a alguien, cuando realmente ocurre, nos damos cuenta de que es inimaginable, y en el espacio que hay entre lo que hemos imaginado y lo que nunca pudimos imaginar se encuentra una clase de amor que nos hemos encontrado por primera vez en nuestro duelo y en nuestra vida.

El escritor portugués Manuel de Melo definió “saudad” como “un placer que sufres, una mal que disfrutas”. Algunos pueden no estar de acuerdo, pero sé que ha habido un disfrute en el sufrimiento de mi pérdida. Ha habido un milagro de que mi amor podía ser más profundo de lo que jamás imaginé. Hay un asombro en tener sentimientos que no sabía que existían, emociones que sólo pueden emerger en la inmensidad del vacío de la pérdida

Traducción libre de «The Love we only find in loss», en https://whatsyourgrief.com, el 3/10/21

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